Pagar por torturar: la prostitución y las falacias de “libertad” que vende el capitalismo
Por Cecilia Zamudio
La
explotación desgarradora del cuerpo y de la siquis que constituye la
prostitución, busca ser presentada por el poderoso lobby proxeneta (que
tiene capital en empresas varias) como un “empoderamiento” y un
“ejercicio de libertad”. Además de destruir a las personas prostituidas,
la banalización de la prostitución vulnera al conjunto de los seres
humanos, al hacer que el ejercicio del abuso de poder y de la crueldad
sean banalizados; nos vulnera a todas las mujeres porque establece que
las mujeres “pueden ser consumibles”, “allanables”, “saqueables”. Entre
las promociones más lesivas de la violencia contra las mujeres,
encontramos al porno y la prostitución, que es la cosificación absoluta
del ser humano. Los medios de alienación masiva multiplican cinismo y
retuercen palabras como “libertad", para normalizar las explotaciones
más aberrantes; cuando está claro que es la Dictadura del Capital la que
dicta las pseudo “libertades” y “elecciones” de las mayorías
empobrecidas: es por ello que la mayoría de mujeres prostituidas procede
de zonas y países empobrecidos por el saqueo capitalista. El
capitalismo es un sistema que produce barbarie, puesto que es un sistema
que se sustenta en la explotación de las y los trabajadores y en el
saqueo de la naturaleza. Para el gran capital, imponer
que se conceptualice que todos los seres vivos, incluidos los seres
humanos, sean “consumibles” y explotables hasta la médula, es adecuar
las mentalidades a una acumulación capitalista cada vez más brutal y
monopólica. La
alienación es promovida al punto de limar toda empatía, creando sádicos
a granel. La investigación “El Putero”, de Huschke Mau, sobreviviente
de la prostitución, evidencia que de lo que se trata es de tortura y
abuso de poder: «En
los foros de puteros en internet hay hombres que se alegran al torturar
con electricidad, en un sótano, a jovencitas que no hablan una palabra
de alemán: “¡Esta empieza a temblar no más verme!”. La reacción de los
colegas puteros del foro: “¡Mis respetos!”. Los hombres que piden
mujeres obligadas a prostituirse se alegran de que aún no las han “montado”: “Esta
cierra las piernas con fuerza, ¡qué encanto! Aquí hay emociones de
verdad, ésta todavía no es una máquina. Le di por el culo hasta que no
pudo más.” (...) “Los primeros seis meses sólo se puede pedir como
esclava, hasta que se haya acostumbrado”, “Ahora mismo le estoy
enseñando a hacer garganta profunda y créeme, va a aprender”, “Ella no
sabía que en su anuncio pone que hace anal y todo sin condón, jajaja,
por supuesto que se lo hice, era lo que me ofrecieron”» [1].
