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6.14.2021

El cantante y líder social Junior Jein fue asesinado en Cali por la herramienta paramilitar del Estado colombiano

El cantante y líder social Junior Jein fue asesinado en Cali por la herramienta paramilitar del Estado colombiano

 
 
El cantante y líder social Junior Jein fue asesinado en Cali por la herramienta paramilitar del Estado colombiano (en la noche del 13 de junio de 2021).
 

En Colombia, la policía dispara contra los manifestantes y líderes sociales. Además el Estado colombiano también utiliza a su herramienta paramilitar para reprimir, asesinar y amedrentar a la población. En el accionar paramilitar y parapolicial del Estado colombiano, ejércitos privados de la clase explotadora colombiana y de las transnacionales, patrullan, disparan y asesinan a la población en total coordinación, amparo, logística y protección de las fuerzas represivas oficiales. La burguesía de Cali, articulando sus ejércitos privados con la propia policía, ha asesinado a decenas de personas durante estas últimas semanas.

El cantante Junior Jein, “El Cabaio", apoyaba la protesta social, con presentaciones artísticas y discursos durante el Gran Paro Nacional, que lleva más de seis semanas en Colombia.

Una de las canciones en las que participó, acerca de los asesinatos contra varios niños cometidos en los cañadulzales de Cali (para amedrentar a la comunidad porque los terrenos que habita son codiciados por grandes empresarios), precisamente reflexiona acerca de cómo las masacres a manos de las fuerzas represivas del Estado y la herramienta paramilitar, suelen quedar en la impunidad. El megaproyecto Plan Jarillón de Cali, es un proyecto que ha venido desalojando a las familias pobladoras de ese sector para construir un gran ecoparque turístico que atraviese todo el oriente de la ciudad. Las familias agredidas por los paramilitares al servicio de los intereses del gran empresariado, son familias revictimizadas, ya que se asentaron en ese sector tras haber sido desplazadas de sus tierras ancestrales por procesos de despojo perpetrados por el capitalismo transnacional y local [1].

Junior Jein cantaba que: «¡Ahora soy yo, el que va a escandalizarse, con la fuerza de los gritos de Rubi Cortés en los cañadulzales, le exijo a la justicia que este caso se aclare, y que no quede impune como casi siempre hacen!  ¡Nada! ¡La vida de los negros no importa nada; lo primero que dicen es ‘andaban en cosas raras'!»[2].

Este nuevo crimen contra un artista lleno de consciencia social nos parte, todavía más, el corazón: este artista también fue asesinado por el Estado colombiano a través de su herramienta paramilitar, con lo que su familia probablemente nunca obtenga justicia, ya que los que ordenaron el crimen se van a parapetar detrás del accionar sicarial de la policía y militares. Si alguien llega a ser designado como responsable del crimen, serán los sicarios ejecutores, pero jamás el Estado planificador de un Exterminio contra la población y su protesta social, jamás los policías que organizaron la logística, y jamás por supuesto, los millonarios que acumulan fortunas moliendo pueblos. El Estado asesina y se lava las manos. Los asesinatos ejecutados por la herramienta paramilitar o parapolicial también son crímenes de ESTADO. Basta ya de tapar el genocidio con una cortina de humo que ya no se sostiene, ya que son miles los registros fílmicos y fotográficos del accionar policial y parapolicial conjunto.

Además de asesinar a manifestantes, a líderes sociales, a ambientalistas, a sindicalistas, a estudiantes, a artistas del pueblo, la policía también secuestra y desaparece: hay centenares de personas detenidas-desaparecidas por la policía colombiana en unas semanas.

El Estado colombiano está asesinando a la población colombiana.
Pero como cantaba Junior Jein, y como claman ciudades y campos de Colombia: “¡El pueblo no se rinde, carajo!”
S.O.S.  S.O.S.   S.O.S


FUENTES 
 
[1] MASACRE EN EL CAÑADUZAL ¿Por qué los matan y para qué? www.renacientes.net/blog/2020/08/19/masacre-en-el-canaduzal-por-que-los-matan-y-para-que/

[2] VIDEO ¿Quién Los Mató? - Hendrix B, Nidia Góngora, Alexis Play & Junior Jein
 

 
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5.15.2021

Crónica de un pueblo en lucha contra el saqueo capitalista, versus un régimen genocida: día 18 de Paro Productivo en Colombia

Buga, Colombia 14/05/2021

 

Por Cecilia Zamudio

 COLOMBIA : El pueblo colombiano en protesta popular y Paro Productivo desde hace 18 días, es constantemente agredido por las fuerzas represivas del Estado colombiano, que disparan con grueso calibre contra los manifestantes, usan armamento de guerra, gasean a la población con veneno letal (incluso directamente disparando contra las casitas de los barrios de clase trabajadora), utilizan el accionar encubierto parapolicial y paramilitar típico del Terrorismo de Estado, desatan al escuadrón ESMAD para agredir, asesinar, desaparecer, violar y torturar.

Más de 60 personas asesinadas por la policía, más de 600 personas secuestradas y desaparecidas por la policía, miles de heridos, miles de detenidos, allanamientos ilegales, decenas de mutilados de sus ojos... Es lo que arroja la brutal represión desatada por el Estado colombiano contra la protesta social de un pueblo cansado de explotación, de precariedad, de saqueo capitalista y represión. El pueblo rechaza el paquete de privatizaciones del gobierno de Duque. Rechaza la mayor privatización de la salud, de la educación, de las pensiones, rechaza igualmente la nueva reforma laboral que le va a quitar más derechos a la clase trabajadora, rechaza una reforma tributaria que pretende darle más exenciones de impuestos a las multinacionales y a la burguesía a la par que le impone más impuestos al pueblo. El pueblo rechaza la profundización de la explotación y rechaza la represión homicida con la que el Estado colombiano pretende imponer este incremento de saqueo capitalista contra la población.

 




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12.30.2019

Colombia: estrategia estatal de Exterminio y saqueo capitalista


Colombia: estrategia estatal de Exterminio continuado y saqueo capitalista


En 2019, Colombia ha seguido padeciendo el Exterminio contra miles de líderes sociales, que se inscribe dentro de una Estrategia Estatal del Terror, para facilitar el gigantesco saqueo capitalista de los recursos del país. El Exterminio es perpetrado a través de las herramientas represivas del propio Estado, que cuentan con "asesoría" militar estadounidense: militares, paramilitares y policía actúan para reprimir la organización social y la protesta. El Exterminio contra las y los líderes sociales es perpetrado cada día, de manera continuada. En 2019 no solamente ha seguido el exterminio, sino que se ha incrementado la cantidad de líderes sociales asesinados anualmente. 

Los paramilitares son una Herramienta del terror, preconizada desde directrices estadounidenses, cofinanciada por el ejército, la burguesía, el Narco y las multinacionales, y articulada al mismo Ejército: su labor de exterminio se ejerce contra toda organización, contra toda persona que se oponga al saqueo que perpetran transnacionales y latifundio, que devastan regiones enteras, envenenando ríos y desplazando comunidades. En Colombia, miles de sindicalistas, de ambientalistas, de campesinos organizados, de líderes agrarios, indígenas, afrodescendientes, reclamantes de tierras, maestros, estudiantes, artistas e intelectuales críticos han sido asesinados para callar sus voces que se elevan contra la depredación de pueblos y medio ambiente.

Las herramientas militares y paramilitares del Estado colombiano están perpetrando un Exterminio descomunal: asesinan o desaparecen a toda persona que se oponga al saqueo, que reivindique por justicia social. Hay en Colombia más de 200.000 personas desaparecidas, yaciendo en miles de fosas comunes a las que las han arrojado militares y paramilitares. La fosa común más grande del continente se destapó en terrenos del propio ejército colombiano, en la Macarena: contenía 2000 cadáveres de personas detenidas y desaparecidas por el ejército. Recientemente se destapó una Fosa Común en Dabeiba, con al menos 50 cuerpos de personas asesinadas por el propio ejército: civiles asesinados desarmados para usar sus cuerpos, disfrazándolos y presentándolos como "guerrilleros abatidos en combate". Esta macabra práctica del ejército colombiano se conoce como asesinatos "falsos positivos", y forma parte de la guerra sicológica: pues la mediatización incesante de supuestos cadáveres de insurgentes es parte de la guerra sucia desatada por el Estado colombiano. 

Así avanza la acumulación capitalista de un puñado de multimillonarios, latifundistas y multinacionales: moliendo vidas. Así es perpetrada la acumulación de gigantescas fortunas en todo el planeta: mediante la explotación de las y los trabajadores y el saqueo de la naturaleza, y mediante el Exterminio de las personas que se oponen a tal saqueo, particularmente en los países concebidos por el capitalismo transnacional como meras "bodegas de recursos"... En Colombia se expresa la barbarie capitalista en la cima de su terror.

Desde la firma de lo que algunos ya llaman la "Paz-Estafa" (pues el Exterminio sigue vigente) al menos 185 exguerrilleros han sido asesinados, y decenas de sus familiares han sido también asesinados o desaparecidos. Al menos 780 líderes sociales han sido asesinados desde la firma del llamado "acuerdo de paz". Asimismo, los proyectos extractivos de multinacionales mineras y energéticas han avanzado a pasos agigantados en regiones en las que antes la presencia guerrillera no les permitía depredar.

Pero pese al Exterminio, el pueblo colombiano sigue la lucha por sus derechos. Desde el 21 de noviembre 2019, la clase trabajadora, la clase explotada, se levanta contra el saqueo capitalista y el empobrecimiento que conlleva para las mayorías, en un gigantesco Paro Nacional. En todo el país, pese a la brutal represión y al toque de queda impuesto por el régimen, el Paro ha sido masivo: bloqueos de carreteras y paro productivo. Varias semanas de manifestaciones. Más de un millón de personas manifestando en las calles de Bogotá, cientos de miles en otras ciudades, semanas sucesivas de movilización. El régimen ha asesinado, lisiado y mutilado de sus ojos a varias personas durante el paro: vidas truncadas por un Estado que perpetra exterminio contra las personas que se oponen a la rapiña capitalista y al empobrecimiento que provoca para las mayorías, mientras un puñado de multimillonarios acumula fortunas. Además de asesinar, la policía también perpetró golpizas aberrantes y detenciones a granel, varios periodistas han sido brutalmente golpeados. Hay miles de heridos por la brutalidad policial.

Colombia es otro país que se suma a las gigantescas protestas continentales contra el saqueo capitalista y las medidas económicas que impone el Fondo Monetario Internacional. En Colombia la injusticia social es dantesca: la privatización de la sanidad empuja a millones de colombianos a morir por inasistencia médica; la privatización de la educación excluye a millones de personas del acceso a la educación. Las familias viven endeudadas para poder salir adelante, esclavizadas al pago de intereses usureros. El saqueo de la naturaleza por parte del capitalismo transnacional deja socavones donde un día hubo verdes bosques y desplaza de manera forzada a millones de campesinos, desposeídos de sus tierras. Pueblos enteros están padeciendo genocidio por causa de la depredación multinacional, como es el caso de los indígenas Wayú, que están muriendo de física sed y hambre porque las multinacionales que explotan la mayor mina de carbón a cielo abierto del mundo desviaron todo un río para su uso, secando la tierra. Las multinacionales Glencore, BHP Billiton y Anglo American desviaron el río Ranchería causando ecocidio y genocidio; el carbón sale por toneladas en gigantescos barcos dejándole a Colombia una herida abierta: más de 14.000 niños Wayús muertos de física hambre. A todo lo anterior se suma la explotación laboral aberrante, y la imposibilidad de reivindicar por justicia social sin correr un elevadísimo riesgo de padecer exterminio a manos de las herramientas militares o paramilitares del Estado colombiano. Estos y muchos más, son los motivos del paro nacional y la lucha que continúa. Porque esto no para.

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3.28.2019

Sigue la masacre del capitalismo transnacional contra el pueblo colombiano, solo que ahora le llaman "paz"




Sigue la masacre del capitalismo transnacional contra el pueblo colombiano, solo que ahora le llaman "paz".

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No pasa un día sin que la herramienta paramilitar de multinacionales y Estado colombiano asesine a un luchador o luchadora social, no pasa un día sin un montaje judicial o una desaparición forzada. Es un Exterminio. Aah... pero hay que repetir el mantra narcotizante de que "hay paz". Repetirlo a saciedad como un rezo cínico, mientras van cayendo bajo la bala o el machete las vidas de mujeres y hombres que luchan contra el saqueo capitalista. Hay que repetir la palabra "paz", vaciada de todo contenido (porque no debería llamársele "paz" al exterminio, ni "paz" al hambre). 

Los tanques de pensamiento de la USAID, sus pazólogos, expertos en guerra sicológica y sumisión, la socialdemocracia en pleno, dictaminaron desde sus sillones imperiales (y desde sus sillitas periféricas y seudo progres) que la "paz" consistía en la firma de un acuerdo con la burguesía, que la "paz" consistía en una aberrante "reconciliación interclasista" mientras se profundiza la explotación y el saqueo; las universidades europeas dictaminaron que hacía falta que los "salvajes colombianos aprendieran la cultura de paz", y se ofrecieron para enseñarla en la gran bondad de quienes "dan clases de cultura de paz" mientras que sus multinacionales producen armas y saquean pueblos; dictaminaron, muy doctos, que la "paz" consistía en desmovilizar al pueblo alzado en esas montañas verdes tan codiciadas, para dejar así vía libre al saqueo multinacional y a sus sicarios. 

Dictaminaron los expertos, opinólogos imperiales, que es "paz" que un consorcio multinacional saquee la mayor mina de carbón a cielo abierto del mundo y para ello desvíe todo el río Ranchería asesinando así de sequía y hambre a una región entera... Porque los miles de niños Wayú mueren de física hambre, pero "lo bueno" para los cínicos malabaristas de la palabra "paz", para los entrampadores de pueblo, es que "ya no hay guerrilla que luche contra esa injusticia". "¡Que mueran los niños por miles, agonizando de sed y hambre, pero que mueran sabiendo que ya no hay rebeldes que cometen 'la herejía' de luchar armados de consciencia y balas contra la barbarie!"  «Que mueran los niños por miles mientras el carbón siga saliendo en gigantescos barcos hacia EEUU o la UE, para satisfacer su aberrante consumo energético: que se pueda fagocitar a América Latina, África y Asia "en paz", sin revolucionarios que trastoquen tal saqueo».


Varios de los exguerrilleros hoy andan rezando la estafa de la "reconciliación interclasista", enredados en leguleyadas y denunciando los mil incumplimientos de un régimen que siempre jugó sucio y con las cartas marcadas (era más que previsible), o bien andan disgregados en campos paupérrimos, siendo asesinados desarmados por la bala paramilitar (la "inteligencia" militar proporciona las listas de los más conscientes, para que sean acribillados en prioridad). Así los quería tener la burguesía colombiana y transnacional: desarmados e inertes, fáciles de exterminar. Y por eso ya son cientos de exguerrilleras y de exguerrilleros de las FARC asesinados desarmados. Asimismo siguen siendo encarcelados bajo montajes judiciales, desaparecidos o asesinados a granel las y los sindicalistas, maestros, líderes comunitarios, campesinos, ecologistas, estudiantes, indígenas, afrodescendientes, etc... Toda persona que cuestione el saqueo capitalista de Colombia y la injusticia social descarnada que este provoca.

Cabría preguntarse: ¿cómo se pudo llegar a semejante aberración? ¿Cómo se llegó a semejante descalabro histórico después de que tantas y tantos luchadores entregaron sus vidas por un horizonte de justicia social? ¿Acaso bastaron las presiones de la socialdemocracia mundial y regional, las presiones de la Iglesia (siempre garante de la continuidad de la injusticia, y experta en sumisión), las palabras mascadas como chicle de "la lucha armada está pasada de moda" acuñadas desde el cinismo de expertólogos que ignoran todo de la realidad de los pueblos saqueados, y repetidas hasta por un líder regional que aportó a los pueblos pero que también erró gravemente en estas cosas hacia el final de su vida? ¿Acaso los asesinatos selectivos y los bombardeos intensivos de EEUU y el régimen colombiano sobre las selvas de Colombia asesinaron a las personas más lúcidas? ¿Acaso la estrategia de "paralizar por el terror" preconizada en los manuales militares gringos que puso en práctica el ejército colombiano, desollando vivas a las personas en las plazas de los pueblos o perpetrando amputaciones y violaciones colectivas, quedaron fijadas en la retina y en el alma de manera a también anestesiar nuestras mentes? 
¿Cómo aceptamos la definición de la burguesía de lo que "es paz"? Cuando nuestra definición de paz es diametralmente opuesta, ya que incluye cese del saqueo capitalista que depreda montañas y ríos y hambrea a la población, cese de la represión y cese de la tortura institucionalizada, cese de la herramienta paramilitar, cese de la ocupación gringa, cese de la explotación. ¿Cómo se impone este festival del cinismo sobre la muerte continuada de niños por hambre y sobre el continuo desplazamiento forzado de poblaciones que son desposeídas de sus tierras por la voracidad de multinacionales y latifundio? Más de 7,7 millones de personas han sido desplazadas de las zonas codiciadas por el capitalismo transnacional, desposeídas y ahuyentadas mediante las  masacres de  la herramienta paramilitar y los bombardeos del ejército. El desplazamiento forzado de poblaciones no se da por "la bala perdida" como aducen los medios de desinformación; las masacres con motosierra que perpetra la herramienta paramilitar mientras el ejército la ampara, no son "perdidas" sino planificadamente dirigidas contra las carnes del campesinado colombiano, contra las comunidades indígenas y afrodescendientes; son parte de un plan sistemático para provocar desplazamientos masivos, obedeciendo a una doble estrategia: vaciar de habitantes y protestas las tierras codiciadas por multinacionales, y vaciar el campo del pequeño campesinado, en la lógica perversa de "quitarle el agua al pez", ya preconizada y perpetrada por Estados Unidos en Vietnam: se trata de quitarle fuerza a la guerrilla, asesinando al campesinado que es su apoyo natural.

¿Cómo se impuso esta disociación de la realidad, esta adoración por una paloma de plástico mientras que a la verdadera paloma de la paz, aquella cuyo nombre es Justicia Social, la tienen torturada en alguna de las bases gringas, intentando sacarle a golpes los nombres de sus compañeros de lucha? ¿Cómo se impuso este festival de banderitas blancas inquisidoras de todo pensamiento crítico, que proscriben el análisis de la realidad e ignoran la lucha de clases?

Fueron años de Terrorismo de Estado asesinando a las mujeres y hombres más lúcidos e íntegros, dejando un vacío que llenaron oportunistas de todo tipo: los cooptables por la USAID y el dinero de la llamada "cooperación europea", las mil ong's que trabajaron para el vaciamiento ideológico. Y se llegó a una situación en la que incluso algunos de los que enarbolaban banderas comunistas ya no explicaban lo que es la lucha de clases, ni el por qué los intereses de la clase explotadora son antagónicos a los de la clase explotada.


Las riquezas de Colombia siguen ahí: inmensos recursos que el capitalismo transnacional quiere roer hasta la médula, llevándose entre los dientes las vidas de millones de personas... La aceleración de la acumulación capitalista a nivel mundial, intensifica sus mecanismos depredadores que incluyen tortura, herramienta paramilitar, Terrorismo de Estado. Y en medio de esa realidad tan tangible, tan palpable en los charcos de sangre que deja cada líder social asesinado, nos vienen con la fábula de la "reconciliación interclasista", nos hablan de buscar "buenas voluntades" en las miradas codiciosas de los burgueses; nos dibujan una supuesta dicotomía (que no es tal) entre una supuesta "burguesía buena" y una "burguesía mala", como si la burguesía no fuera una sola a partir del momento en que sus intereses de clase son antagónicos a los intereses de la clase explotada, nuestros intereses. Y la burguesía debe reír a carcajadas en los salones de la embajada gringa, cuando cuentan cómo le dieron el premio Nóbel de la paz a un carnicero oligarca que presentaron como un Santo, y cuando cuentan que tienen al otro oligarca, igual de carnicero pero más traqueto, fungiendo el papel del "oligarca malo", para seguir con la telenovela engaña pueblo. Y se abrazan entre ellos y brindan, y firman negocios que deciden de un plumazo desplazamientos poblacionales masivos... desplazamientos que ya acelerará la motosierra paramilitar sobre las carnes de quienes se resistan al despojo.



En Colombia, la mitad de los niños y niñas que van a la escuela (cuando van) lo hacen con el vientre vacío, las tripas gritando hambre, los ojos gritando sueños truncados, los pies gritando zapatos, adoloridos por la marca del azote, la hebilla del cinturón grabada en la espalda, porque el castigo corporal se abate contra sus pequeños cuerpos en ese paraíso confiscado en el que las mayorías son explotadas, desposeídas y alienadas por la clase explotadora, carnicera de futuros y atesoradora de tiempo ajeno. Las niñas de las zonas más saqueadas y empobrecidas son presas de prostíbulos y militares gringos que gozan de total impunidad por sus crímenes en Colombia (según convenio de inmunidad firmado con el propio Estado colombiano). La herramienta paramilitar de multinacionales y latifundio, que aterroriza a la población de las zonas más codiciadas de Colombia, también encuentra en las familias más empobrecidas una "cantera de esclavizables": niñas de 8 años en adelante terminan siendo allanadas en los barracones de las multinacionales (en las zonas de saqueo intensivo de la mega minería y del agro industrial), o son ofertadas en las playas del Caribe a sebosos turistas europeos y gringos... Pero nos dicen y nos repiten que nada de eso importa: ni el hambre, ni la injusticia, ni las infancias rasgadas, ni las niñas violadas en tropel, ni las torturadas en bases militares gringas... Que lo "que realmente importa" es repetir el mantra de una supuesta "paz" que consiste en desarmar al pueblo que algún día le dijo basta a la injusticia... mientras, por supuesto, se deja intocada y blindada la injusticia que redunda en millonarias ganancias para un puñado de capitalistas.

Los pazólogos imperiales dictaminaron que la "paz" consistía en un ejército colombiano sobrearmado que a diario asesina al pueblo, que el monopolio de las armas tiene que tenerlo el ejército que es entrenado por formadores en tortura estadounidenses (porque lo abyecto es incuestionable según esos expertos), dictaminaron que los campesinos no podían sublevarse, dictaminaron lo bueno y lo malo, dictaminaron como "paz" lo que agiganta las fortunas de las transnacionales y el latifundio mientras cuartea de hambre y desesperación la vida de millones de desposeídos, dictaminaron y dictaminan... pero es el pueblo colombiano el que sigue siendo asesinado, masacrado por la herramienta paramilitar de un Estado al servicio del capitalismo transnacional.



El conteo de muertos es desgarrador... y también nauseabundo de manipulación: los asesinados son doblemente vulnerados al ser ocultada la responsabilidad de los comanditarios de los crímenes. Incluso cuando son asesinados los activistas contra el saqueo multinacional delante de las narices de la policía, y que resulta evidente el Terrorismo de Estado, siguen los medios de la burguesía y sus organismos intentando presentar los asesinatos como el fruto de "una mano negra", así, en abstracto, sin vinculación con las fuerzas represivas. Para ocultar el plan de exterminio sistemático contra la protesta social, los medios de la burguesía aducen incluso la teoría del "ajuste de cuentas" o del "asesinato por celos", como si las y los luchadores sociales que enfrentan el saqueo multinacional fueran asesinados por miles en una especie de "epidemia de celos". En el reino de la Paloma-Estafa, todo malabarismo es implementado para evitar decir las cosas como son: asesinados por la herramienta paramilitar de un Estado criminal que viabiliza el saqueo capitalista de Colombia, mediante un plan sistemático de exterminio contra todo aquel o aquella que eleve una reivindicación social.

Sigue la masacre del gran capital transnacional contra el pueblo colombiano, solo que ahora le llaman "paz".


Blog de la autora: www.cecilia-zamudio.blogspot.com





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5.18.2015

Capitalismo, desplazamiento poblacional, Glifosato y malformaciones congénitas


Capitalismo, desplazamiento poblacional, Glifosato y malformaciones congénitas

Por Cecilia Zamudio


En el sistema capitalista el Terrorismo de Estado es un hecho recurrente, es empleado para producir parálisis de las reivindicaciones sociales y para provocar masivos desplazamientos poblacionales para beneficio del gran capital.

En Colombia el Terrorismo de Estado está estrechamente ligado a la acumulación capitalista: 40% del territorio colombiano está tramitado en concesiones a multinacionales mineras. La estrategia del desplazamiento forzado de poblaciones intenta quebrar la resistencia popular frente a la depredación de los recursos naturales, y vacía de su población las zonas codiciadas por las multinacionales. Esta estrategia se ejerce también según las directrices estadounidenses de despoblar el campo, en una tentativa de exterminar la base social de la guerrilla. Lo que los marines llamaron en Vietnam “quitarle el agua al pez”, al implementar su macabro accionar de las aldeas arrasadas.

El instrumento paramilitar es cofinanciado por las multinacionales y latifundistas, y coordinado desde el mismo Estado para sembrar el terror en la población mediante masacres y torturas. Este instrumento paramilitar se consolidó por instrucción estadounidense: la misión Yarbourough de 1962 preconizó la creación de grupos paramilitares, promovidos por el Estado, cuyo objetivo ha sido asesinar a los comunistas y a todos aquellos que reivindiquen por justicia social. La doctrina contrainsurgente y el concepto del “enemigo interno” que rigen el accionar del ejército colombiano, toman su inspiración en los manuales franceses y estadounidenses que preconizan la tortura de forma sistemática, así como el empleo del desplazamiento masivo de poblaciones. Los manuales de la CIA, como el KUBARK, instruyen en torturas físicas y sicológicas (1).

El Terror de Estado en Colombia ha causado decenas de miles de desapariciones forzadas(2), más de 9.500 presos políticos, el 60% de los sindicalistas asesinados en el mundo son asesinados en Colombia por agentes estatales o la herramienta paramilitar. El Estado colombiano ha eliminado físicamente un partido político: La Unión Patriótica, con más de 5.000 militantes asesinados(3). La mayor fosa común de Latinoamérica, fue hallada detrás del Batallón Militar en la Macarena, con 2000 cadáveres de desaparecidos por la Fuerza Omega del Plan Colombia, Fuerza que tiene asesoría estadounidense (4).

·      Desplazamiento poblacional: un crimen planificado al servicio de la acumulación capitalista

Colombia es el segundo país del mundo a nivel de desplazamiento forzado de poblaciones, tras Siria(5). Más de 6,3 millones de personas han sido desplazadas en Colombia por una planificación del terror al servicio de la acumulación capitalista: han tenido que abandonar sus tierras tras sobrevivir a masacres dirigidas intencionalmente contra la población, ejecutadas por el ejército y la herramienta paramilitar. Hay responsables de esta planificación del terror, y esos responsables son aquellos que explotan la tierra para capitalizar mediante la agro-industria y la mega-minería. Las personas obligadas a desplazase no son desplazadas por la “bala perdida”, ese comodín que usan los medios del capital, para impedir la comprensión de la realidad. 
Los bombardeos del ejército sobre las comunidades campesinas y las fumigaciones son también instrumentos para el desplazamiento poblacional. Las fumigaciones se hacen bajo el pretexto de “la lucha contra el narcotráfico”; pero son fumigados sembradíos alimentarios con Glifosato, envenenando la vida y el agua.

·      Varias generaciones de niños nacidos con malformaciones congénitas; pero el Estado colombiano no « veía » el peligro

La OMS declaró recientemente ser cierto lo que los científicos y las comunidades denuncian hace décadas: el Glifosato es un peligro mortal. La OMS lo clasifica ahora como un agente cancerígeno de categoría 2A. Le hizo falta mucho tiempo a la OMS para esta clasificación: ¿Será cierto que las presiones de los fabricantes de ese veneno ritman su calendario y sus clasificaciones? El Estado colombiano impuso al pueblo colombiano más de 25 años de fumigaciones, bajo las directrices estadounidenses, comprándole el veneno a Monsanto. Jamás las denuncias de las comunidades campesinas colombianas, ni los documentos científicos, ni los niños nacidos con malformaciones, sin brazos, sin piernas, o ciegos, significaron para el gobierno colombiano una “evidencia” del carácter genocida de las fumigaciones. Es solamente cuando la OMS se pronuncia, que el gobierno se plantea cesar las fumigaciones con Glifosato. Para el gobierno de Santos todo radica en la apariencia: se trata de preservar la máscara en el juego diplomático internacional. Colombia es el único país del mundo que ha permitido, durante décadas, la fumigación aérea con Glifosato: desde 1994 la Resolución 001 del Consejo Nacional de Estupefacientes la preconizó, pero fue mucho antes que las fumigaciones de esos venenos comenzó (6).

Ahora queda por ver si la decisión tomada en mayo 2015 de suspender las aspersiones aéreas con Glifosato se traduce en hechos, y sobretodo queda por ver si el Glifosato no va a ser reemplazado por otro veneno, no incluido en las clasificaciones de la OMS. Queda por ver si todas las personas enfermas van a recibir un tratamiento, si es que existe. Y queda por ver cómo tratar los sufrimientos de los miles de niños nacidos con malformaciones, al menos en curas paliativas antes de su muerte. Conociendo el carácter capitalista del sistema de salud colombiano, y sabiendo cómo deja morir a las personas en las puertas de los hospitales, poca esperanza hay de que tome en mano la responsabilidad de estos sufrimientos. La cuestión de las tierras y de las aguas envenenadas también queda en suspenso, así como la cuestión de los millones de personas desplazadas para huir estas aspersiones genocidas. Lo que el Estado colombiano perpetró durante años contra el pueblo colombiano y contra los ecosistemas de la región es un crimen de Lesa Humanidad; habrá que ver ahora si va a imponer otro veneno. La cuestión sobre la lentitud de la OMS en sus clasificaciones queda igualmente latente; así como la cuestión de las dañinas políticas de la supuesta “lucha contra el narcotráfico”, y lo que realmente se esconde detrás de esa rotulación.

Las fumigaciones aéreas empaparon al país con venenos como el Glifosato y con otros todavía más potentes como el Round Up Ultra, Imazapyr, Tebuthiuron, y hasta con el Fusarium Oxysporum: esta política fue muy útil en la estrategia estatal de desplazamiento de poblaciones, y muy poco eficaz contra los “cultivos ilícitos”.

Los intentos de las comunidades campesinas de substitución manual de cultivos ilícitos por cultivos de pan coger, fueron perseguidos por el Estado. En cuanto a las propuestas de la guerrilla, nacidas de la participación campesina a las Audiencias del Cagúan, y que promueven también la substitución manual de los cultivos, para beneficio de la soberanía alimentaria y del campesinado, también fueron totalmente ignoradas por el Estado colombiano y por los medios de difusión masiva. Medios que no hacen sino martillear la mentira lanzada por el entonces embajador de Estados Unidos en Colombia, Lewis Tambs (7), creador del término “narcoguerrilla”; siendo que el narcotráfico en Colombia se beneficia de las estructuras del Estado colombiano, entre ellas las aduanas aéreas y portuarias, y que los narcotraficantes son aliados históricos del Terrorismo de Estado en Colombia (sus asesinos han cooperado del exterminio de comunistas y demás opositores políticos).

Hasta hoy las propuestas agrarias de la guerrilla son ignoradas por los medios, que pasan bajo silencio los documentos (8) y el contenido de lo que se dialoga en La Habana. Ya, en los diálogos del Cagúan, las FARC habían presentado un proyecto piloto de substitución manual de cultivos en Cartagena del Chairá (9), cuyo costo económico estimado a gran escala era miles de veces inferior al costo del Plan Colombia, ni qué decir del coste medioambiental. Pero los diálogos fueron truncados por el Estado colombiano, que se apuró en firmar el Plan Colombia, un plan de guerra confeccionado en Estados Unidos.

El pretexto de la “lucha contra el narcotráfico” se ve desmentido en la práctica: el narcotráfico está imbricado con el mismo Estado colombiano, y hasta con la misma DEA. Sin hablar de las multinacionales químicas que fabrican no solamente los precursores necesarios a la cocaína, pero también todo tipo de drogas legales.

Referencias:

(1)Injerencia de los EEUU, contrainsurgencia y terrorismo de estado, Renán Vega Cantor, 2015. http://www.corteidh.or.cr/tablas/r33458.pdf
(2) 23 de mayo 2011, el representante del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Christian Salazar, informó que la ONU estima que más de 57.200 personas han sido desaparecidas en Colombia.  http://www.argenpress.info/2011/05/escalofriante-cifra-de-desaparecidos-en.htmlhttp://tercerainformacion.es/spip.php?article25302
(3) 5.000 militantes de la UP asesinados, el genocidio político consta ante la CIDH
(4) La fosa común más grande del continente, detrás del Batallón Militar : http://www.publico.es/internacional/aparece-colombia-fosa-comun-000.html
(5) Colombia junto con Siria, el país con más personas desplazadas forzadamente.  CODHES: 6,3 millones de desplazados en Colombia http://www.codhes.org/~codhes/images/Revista/Boletin16_ProcesoPaz_CEspitia.pdf
(7) La fábula de la « narcoguerrilla » fue lanzada por el entonces embajador de EEUU en Colombia, Lewis Tambs. « Colombia Historia de una traición », Restrepo Laura, páginas 80, 81, 82, Iepala, Madrid, 1986.
(8) Los documentos de las propuestas agrarias de la insurgencia pueden ser consultados en la página de la Delegación de Paz, pero no son difundidos en los grandes medios, porque el ostracismo mediático es total: http://www.pazfarc-ep.org

(9) Planificación de mecanismos para la sustitución de cultivos ilícitos - Municipio de Cartagena del Chairá (Caquetá)
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